Cuando se aplica fosfato monoamónico en un fuego clase A (madera/carbón/etc.), éste se extingue inmediatamente por la acción directa del agente, y actúa sobre las brazas encendidas por medio de una reacción secundaria.
Es así que el fosfato monoamónico se descompone por calor, dejando un residuo pegajoso denominado comunmente melasa (ácido metafosfórico), sobre el combustible sólido encendido.
Este residuo sella el material incandescente, aislándolo del contacto con el oxígeno y evitando así la reignición del fuego. |
La cantidad de ácido metafosfórico que se produce, por descomposición por calor, depende del porcentaje por peso de fosfato monoamónico en el agente.
Agentes extintores con contenidos menores de 55% de fosfato monoamónico son pobres en lo que a extinción se refiere. A medida que se aumenta el contenido del fosfato monoamónico se obtiene más ácido metafosfórico, incrementando así su capacidad de evitar la reignición de fuegos clase A.
La mayor efectividad de un agente multipropósito a base de fosfato monoamónico, se consigue con un contenido del orden del 90% de esta sal de fósforo. |