Mayo 2019 Año 8 Número 103
 
Reservas probadas de petróleo
En el siguiente video se muestra en un gráfico animado la cantidad de reservas probadas en barriles de crudo a nivel mundial.


El video resulta elocuente para desarrollar en una forma visual y amena el tamaño relativo existente de este recurso en los distintos países.

Sabías que…

En www.argentina.gob.ar/ambiente/fuego existe una variada temática y estadística sobre los incendios forestales en Argentina que es fruto de un trabajo de más de 20 años.

Qué es un sistema de tubería húmeda y uno de tubería seca?
Son sistemas de instalaciones contra incendio que permiten la extinción por medio de rociadores. He aquí las diferencias:
  1. Sistema de tubería húmeda:
    Este tipo de sistema es la opción más común por ser de fácil diseño e instalación. El sistema contiene agua a presión en la red de tuberías en todo momento y utiliza rociadores automáticos. Cuando ocurre un fuego que produce una suficiente cantidad de calor para activar uno o más rociadores el agua se descarga inmediatamente desde los mismos. Este tipo de sistema no debe instalarse cuando la temperatura a la cual podría estar expuesto esté por debajo de 4 ºC (40 ºF), debido al congelamiento del agua, o por encima de los 95 ºC (203 ºF), debido a la evaporación del agua.
  2. Sistema de tubería seca:
    Estos sistemas deben ser utilizados únicamente cuando los componentes estarán expuestos a temperaturas por debajo 4 ºC (40 ºF), o por encima de 95 ºC (203 ºF). La red de tuberías no contiene agua antes de la activación del sistema, sino que está cargada con aire o nitrógeno a presión. Una válvula llamada “de tubería seca” retiene el suministro de agua y sirve como interfaz agua/aire.
    Si se produce un incendio y se genera una cantidad suficiente de calor, uno o más rociadores operarán, haciendo que la presión del aire en el sistema disminuya permitiendo la apertura de la “válvula de tubería seca” y el agua fluye a través del sistema hacia los rociadores abiertos.
La Unión Europea establece normativa de vida útil para detectores de incendio
Los detectores son un elemento clave para evitar o prevenir los incendios.  Dependiendo de los modelos y de la diversidad de tecnologías existentes en el mercado, los tiempos promedios de vida útil podrán variar. No obstante se ha fijado en Europa una normativa que establece que el  tiempo de vida útil de los detectores de incendios en condiciones ambientales normales es de unos 10 años

Fijar la vida útil de un detector viene justificada en la operatividad de los elementos usados en los sistemas de detección y alarma de incendios, y por tanto en su fiabilidad. Estos elementos varían continuamente a lo largo del tiempo por el envejecimiento de sus componentes, su manipulación y su degradación debido a las condiciones ambientales que sufren. Por lo tanto parece una adecuada medida preventiva.Transcurrido este tiempo se deberá:
  1. Proceder a realizar determinadas pruebas y análisis del equipo, establecidas por el fabricante de los mismos, que aseguren que su estado operativo se encuentra en condiciones equiparables a las del momento de su fabricación y dentro de los parámetros indicados en la norma que le corresponde, y por tanto le permita seguir funcionando durante un periodo de tiempo adicional.
  2. Proceder con la sustitución del mismo.
En caso de que las condiciones ambientales sean contrarias, por ejemplo exposición a polvo o suciedad, cambios de humedad y temperatura, etc., el tiempo de vida útil se verá afectado, y en la fase de mantenimiento e inspección se evaluará la necesidad de sustitución. Otra de las causas que justifican la vida útil de un detector es el desarrollo tecnológico y normativo. Con el transcurso del tiempo, la técnica permite disponer de sistemas más seguros y eficaces. Los detectores con más de 10 años han sido instalados antes de que fuera obligatoria la certificación de los mismos, y la tecnología de detección ha evolucionado considerablemente. Los equipos de detección, en la actualidad, siguen las normas señaladas en el Reglamento de Productos de Construcción (Normas EN 54), que establecen determinados criterios de estabilidad, seguridad, y funcionalidad, entre otros.